¡Hola!
¿Cómo va tu semana? Espero que muy bien!
Hoy quiero hablarte de algo complejo… las emociones. Seguramente, has podido observar, que muchas veces, las emociones parecen gobernar nuestra vida y que incluso, podemos llegar a tomar decisiones en función de cómo nos sentimos.
Las emociones forman parte inherente de la naturaleza del ser humano. Por lo que no podemos evitarlas aunque sean incómodas.Tenemos que aprender a gestionarlas y expresarlas de manera adecuada. Muchas veces, cuando en mi consulta o charlas pregunto a niños si enfadarse es malo, ¿os imagináis la respuesta?. La respuesta es ¡si!. Y se quedan completamente descolocados cuando les digo que no lo es, que enfadarse es normal, sano y natural. Que el problema no es sentir enfado, sino la frecuencia e intensidad del enfado, y cómo lo expresamos. Lo que no es sano, es estar todo el día enfadados, callarnos el enfado, o estallar. Y esto, lo podemos trasladar a todas las emociones.
Existen múltiples definiciones de las emociones. En mi opinión personal, una de las definiciones más acertadas, es la de Hockenbury y Hockenbury, 2007: “Una emoción, es un estado psicológico complejo que implica 3 componentes distintos: una experiencia subjetiva, una respuesta fisiológica, y una respuesta conductual o expresiva”. Esto quiere decir, que aunque hay emociones básicas y universales, cada persona la experimenta de manera diferente, según la interpretación que hace de la situación, y por tanto, es subjetiva. Las emociones pueden causar reacciones fisiológicas importantes (nudo en el estómago, fuertes palpitaciones, falta de aire, sudación…), que son controladas por el sistema nervioso simpático (una rama del sistema nervioso autónomo que controla las respuestas involuntarias del cuerpo). Pero además, a través de escáners cerebrales, se ha demostrado que la amígdala (parte del sistema límbico), juega un papel muy importante en la respuesta fisiológica emocional. La respuesta conductual, es tal vez lo más fácil de detectar, porque es la forma que tenemos de expresar la emoción.
También existen diferentes teorías que intentan clasificar las emociones. En 1972, el psicólogo Paul Eckman sugirió que existían 6 emociones básicas y universales a lo largo de las culturas humanas: miedo, asco, enfado, sorpresa, felicidad y tristeza (si las etiquetásemos como “buenas” o “malas”, aunque en realidad no es del todo acertado hacer esto), léelas de nuevo a ver si te llama algo la atención…. ¡Sólo habría 1 buena! Esta lista se ha ampliado con más emociones, posteriormente, por otros autores. En 1980, Robert Plutchik, introdujo otros sistema de clasificación: la rueda de las emociones que puede combinarse de gran variedad de formas: alegría frente a tristeza, ira frente a miedo, confianza frente a disgusto, y sorpresa frente a anticipación.
La diferencia entre emoción y estado de ánimo, es que una emoción normalmente es de corta duración pero intensa. Por su parte, el estado de ánimo por lo general es más suave, pero de mayor duración.
Lo que está demostrado científicamente, es que la explosión de productos químicos emocionales, desde el momento que se producen en el hipotálamo, hasta que se descomponen y absorben por completo en el cuerpo, tiene una duración aproximada de 6 segundos. Por lo que si esto es así, si estamos más de este tiempo, sintiendo algo de algún modo incluso de manera inconsciente, se podría decir que se está eligiendo recrear y rebastecer esa sensación. Lo cual en ocasiones puede ser funcional pero por lo general, no lo es. Y aquí entra en juego la parte cognitiva (los pensamientos). Nuestra forma de interpretar las situaciones, incluso nuestras propias emociones, puede hacer que mantengamos esa emoción en el tiempo, llegando incluso a somatizarlas (esa tensión acumulada por ejemplo en el estómago, puede acabar en una úlcera).
Uno de los desafíos importantes en el camino hacia el equilibrio emocional, está relacionado también con heridas que arrastramos del pasado, y para curar esta relación con el pasado, es importante saber perdonar a los que nos han herido, y a nosotros mismos. Perdonar es un proceso que no implica necesariamente olvidar, excusar o reconciliarse con el otro. Se trata de cambiar nuestra relación con lo ocurrido en el pasado, para poner límites sanos en el presente. Sostener en el corazón algo que estuvo mal, para dar los pasos necesarios para corregirlo y prevenir que se repita. Hay estudios, que indican que el perdón está asociado con sufrir menos estrés e ira, menos depresión y ansiedad, e incluso lo asocian con niveles más bajos de colesterol y de dolores de espalda.
En el camino de la psicología por tanto, lo primero que hacemos es:
-Aprender a identificar la emoción, y prestar atención a cómo se manifiesta en el cuerpo. Es interesante investigar que hay detrás de esa emoción (quizás, ha venido a decirnos o enseñarnos algo).
-Aprender a escuchar y «controlar» las sensaciones físicas de la emoción, con diferentes ejercicios de respiración, nos permite controlar el sistema nervioso y disminuir el malestar.
-Un aspecto fundamental que tenemos que trabajar es el cognitivo (los pensamientos). El cerebro humano está equipado de un sofisticado mecanismo que hace viajes en el tiempo, y vive realidades virtuales: el neocortex. Esto es una bendición y una maldición al mismo tiempo, porque nos permite planificar el futuro, e imaginar diferentes escenarios posibles, pero también nos ofrece la posibilidad de emplear mucho tiempo y energía, en repasar el pasado y ensayar el futuro, en lugar de ocuparnos en lo que realmente tenemos, el presente. Además cuando anticipamos, por ejemplo, solemos tender a pensar en lo peor que podría pasar. Normalmente pensamos que son las situaciones/cosas/personas, las que nos generan las emociones de malestar, pero si esto fuera así, todos reaccionaríamos de la misma manera. El hecho de que cada persona (incluso la misma, en diferentes momentos de su vida) reaccione de manera diferente, indica que cada uno interpreta la situación de una forma, y en consecuencia, tenemos una reacción u otra. Todos cometemos errores de pensamientos o distorsiones cognitivas, la diferencia está quizás en la frecuencia e intensidad, en la atención que le prestamos, la verdad que le damos. Todo esto podemos modificarlo para ver la vida desde otros puntos de vistas más realistas (y esto, no quiere decir positiva), a través de una serie de herramientas de psicología cognitiva, y también de mindfulness o meditación.
-Buscar y poner en práctica nuevos recursos, hacer cosas diferentes es lo que nos permite conseguir cosas diferentes, así que tenemos que ponernos en acción! Contemplar que nos impide avanzar, los puntos débiles y fuertes, lo que hemos hecho antes que no ha funcionado y lo que si, tener un plan B, aprender de la experiencia, pensar en cómo conseguir los recursos que necesitamos y no tenemos.
Todo esto, quizás lo podríamos visualizar más fácilmente, a través de la siguiente imagen, un carruaje que representa al ser humano: los caballos son las emociones, el cochero la mente, el coche nuestro cuerpo, y el dueño o amo, nuestra verdadera esencia.
Desde el punto de vista del yoga, debido a la impertinencia de las emociones y los pensamientos, nuestro objetivo es reducir la intensidad y velocidad de ambas, para dar espacios a la voz interior inmutable (purusha). Según la tradición del yoga, las causas de las emociones incómodas (duhkam), vienen de la dificultad de no reconocer nuestro verdadero Ser, que genera una imagen nuestra, hecha de etiquetas exteriores con las que nos identificamos. Este falso «yo», es causa de sufrimiento (duhkam). La dificultad para aceptar los cambios, y apegarnos a la seguridad que nuestro ego nos ha construido, además de las continuas expectativas de cara a nuestros deseos, no hacen más que alimentar esa rueda de malestar. Nuestro espacio interior está lleno de un pasado que no queremos dejar, la interpretación errónea del futuro (anticipar lo peor que podría pasar, querer que ser diferente, no tener tolerancia a la incertidumbre…), nos impide vivir el presente. Lo que realmente tenemos. En su lugar, podemos aprender del pasado, para hacer ahora algo diferente, y acercarnos así más probablemente, al futuro que queremos.
En el camino del yoga, tenemos también varias herramientas para cuidar nuestro mundo emocional, y conseguir el estado de sukham (bienestar):
–Asanas: en el cuerpo, quedan instaladas todas esas tensiones y energías acumuladas, que no expresamos o que hacemos de manera inadecuada, por lo que mover esas partes del cuerpo, nos puede ayudar a liberar esa energía estancada.
–Pranayama: la respiración es el índice más claro, de nuestro estado interno, ya que el diafragma, es el primer músculo que se bloquea a consecuencia de nuestra vivencia emocional. Y a través del diafragma (el músculo de la respiración), controlamos el sistema nervioso (síntomas físicos).
–Dharana: ampliar la visión de nuestra experiencia utilizando imágenes que expandan la conciencia (imágenes que nos traigan paz), puede modificar la energía interna, creando las condiciones que nos permitan observar la vivencia desde la justa perspectiva, antes que actuar bajo el impulso de la emoción.
–Dhyana: los ejercicios de concentración, o lo que solemos conocer por meditar o conciencia pelan, pueden ayudarnos a abrazar las emociones hasta disiparse. Cuando cultivamos la amabilidad hacia nosotros mismos, creando el espacio para responder, en lugar de reaccionar, observamos lo que ocurre dentro y fuera de neutro cuerpo, sin caer automáticamente en los pensamientos y emociones, y tener una visión más clara de la situación. Al traer la conciencia de aquello que nos asusta, podemos percibirlo como algo menos permanente y quizás, menos personal de lo que parece a primera vista. Observar en qué parte del cuerpo retenemos tensión, y llevar ahí nuestra respiración, nos ayuda a descubrir algún patrón que está en la raíz de esa emoción. Colocarnos en un lugar lejano como observadores, nos ayuda a descubrir un fondo de quietud, desde donde se tiene que originar la acción.
–Yama y Niyama: son las actitudes que podemos cultivar con las demás y hacia nosotros mismos, con el objetivo de aprender a vivir mejor y más felices.
Es evidente que no se trata de un camino fácil, que lo fácil es hacer lo de siempre (aunque también es lo más doloroso), porque nuestra naturaleza humana, junto con las experiencias, nos dejan en la memoria una sensación dominante, que se manifiesta a través de patrones de comportamientos repetitivos e inconscientes. La buena noticia, es que sólo nosotros podemos ponernos a trabajarlo para transformarlo, no depende de nadie más, y eso, da muchísimo poder y seguridad. Quizás lo más sabio, sea sustituir poco a poco esos patrones, con otros más saludables, en lugar de intentar hacerlo de una vez.
No se trata de intentar eliminar lo que sentimos (aunque sean emociones incómodas), sino hacernos conscientes, de lo que estamos sintiendo, escuchar el mensaje que hay detrás, y actuar desde un lugar más sabio y ecuánime.
Pero como a veces la mente, es como una caballo salvaje que nos cuesta “domar”, si la intensidad y frecuencia, de alguna emoción, interfiere en alguna de las áreas de tu vida de manera frecuente e intensa (personal, familiar, laboral, amistad, ocio…), no dudes en consultar a un profesional de la salud o psicólogía.
Como ya sabrás, además de profesora de yoga, trabajo como psicóloga. Por lo que si quieres más información sobre mis sesiones online, no dudes en escribirme a contacto@judithcipres.com. Además siegue pendiente a mis redes sociales, ya que pronto lanzaré un curso online de Psicología y Yoga (Yogamente) para las emociones, que te va a encantar! En este curso concretaré como trabajar cada emoción con todas las herramientas que necesitas!
Mientras tanto, aquí te dejo una breve práctica de yoga, que incluye un ejercicio de bioenergética, para movilizar la energía del cuerpo, y liberar sensaciones. Te recomiendo completar esta práctica con los ejercicios de respiración y meditación que puedes encontrar en mi canal de youtube. Y recuerda que si quieres recibir tu programa online y gratuito de Yoga para la Autoestima de 7 días, puedes entrar en www.judithcipres.com/yoga-para-la-autoestima y recibirlo. Espero que te guste la clase de hoy! Estoy deseando que me cuentes tu experiencia!
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Gracias y que tengas un bonito día, nos vemos pronto!
Namaste
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