Mindfulness y Miedo

¡Hola!

¿Cómo va tu semana? Espero que muy bien!

En el post de blog anterior, hablé sobre el miedo y cómo gestionarlo cuando es disfuncional, desde un punto de vista físico a través de la respiración, y cognitivo mediante la toma de consciencia y cambio de errores de pensamientos. Así que hoy me gustaría abordar esta emoción desde otro punto de vista, desde la consciencia, aprendiendo convivir con nuestras emociones incómodas. Y por eso, más abajo, encontrarás una meditación guiada que te ayudará a observar y sostener esta emoción.

¿Qué es el miedo? El miedo es una emoción básica e inherente al ser humano. El problema no es sentir miedo sino si somos conscientes de si es un miedo real o no y cómo reaccionamos ante él. La función del miedo es la de supervivencia. Pero cuando el miedo no supone un peligro real y viene derivado de una constructor mental (anticipando o imaginando por ejemplo, lo peor que podría pasar), hablamos de miedo disfuncional, creado a partir de creencias e interpretaciones que hacemos. Por lo tanto, si no estamos ante una situación de peligro o amenaza real, trabajar y cambiar nuestros pensamientos, nos permitirá sentir de manera diferente y esto, tendrá como consecuencia una conducta totalmente distinta.

¿Cómo afrontar el miedo disfuncional?
Lo primero que puedes hacer es prestar atención a tu cuerpo. Observa que sientes y en qué parte del cuerpo. Observa también como es la respiración. Si sientes que las pulsaciones se aceleran, puedes hacer un ejercicio de respiración que te ayude a calmar el sistema nervioso, por ejemplo, siéntate cómodamente, respira profundamente y luego, intenta llevar el aire a la zona baja del abdomen (observa cómo se eleva esta zona al inhalar) y soltar el aire en el doble de tiempo en el que inhalas (dejando que el abdomen se vacíe lentamente). Repite esta respiración hasta sentir que los síntomas físicos disminuyen. Cuando te suscribiste a mi web, recibiste el primer día contenido teórico para trabajar la autoestima. En este contenido, tienes material para trabajar los pensamientos que puedes utilizar también para afrontar miedos. La única forma de que se vaya el miedo, es que te enfrentes a él. Superar una situación de miedo no sólo te dotará de nuevos recursos, sino que será un gran maestro que te dará mayor fortaleza y seguridad.

EL MIEDO DISFUNCIONAL DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL MINDFULNESS

Cuando tenemos miedo, muestra perspectiva, imaginación y recursos se contraen y comenzamos a habitar ene l mundo desde un sentido disminuido del yo, haciéndonos más pequeños de lo que somos. La anticipación de lo peor que podría suceder, proyecta una sombra oscura de preocupación, opacando la realidad e incluso alegrías que pasan desapercibidas bajo el peso del miedo anticipatorio.

El miedo puede ser un aliado en nuestro camino hacia el desarrollo personal ya que para trabajar nuestros miedos, necesitamos acercarnos a ellos en vez de huir (que es la tendencia del cuerpo y la mente por ese instinto de supervivencia cuando el miedo es real, en lugar de un constructor mental). Cuando nos entrenamos para enfrentar nuestros monstruos, adquirimos poco a poco la capacidad de sostener y explorar el miedo desde la consciencia plena, aprendemos a identificarlo por lo que es y accedemos a nuevos niveles de libertad, de certeza de que existe un espacio mucho más amplio en que el miedo puede surgir y desvanecerse.

El cerebro humano está equipado con un sofisticado mecanismo para hacer viajes en el tiempo y vivir una realidad virtual: el neocórtex. Esto es una bendición y una maldición a la vez, porque nos permite planificar el futuro o imaginar diferentes escenarios posibles, pero también nos ofrece la posibilidad de emplear muchísimo tiempo y energía en repasar el pasado y ensayar el futuro, en lugar de ocuparnos de lo que realmente está presente. Cuando este estado de alerta caracterizado por tensión psicológica y fisiológica, se repite una y otra vez, estamos cultivando un estado de ánimo ansioso. Y cuando la ansiedad se vuelve parte del paisaje normal de nuestra experiencia, es posible que ni si quiera seamos conscientes de que estamos viviendo con la mente y el cuerpo dominados por el miedo. Estos efectos se acumulan y provocan además diversos problemas no sólo psicológicos sino físicos.

Como ocurre con las demás emociones e incluso con los pensamientos, el miedo tiene un período refractario. Cuando surge es difícil sentir cualquier otra cosa o pensar en ella, y los pensamientos se quedan encerrados de forma que sólo vemos aquello que reafirma nuestro miedo. Cuando el miedo está presenta, lo habitual es quedarnos fijados en la emoción, en vez de recibirlo y entenderlo como un estado transitorio que surge y desaparece como cualquier otro pensamiento y emoción, haciendo que la emoción se vuelva más sólida y aparentemente «real».

Con la práctica de mindfulness es posible que se mantenga el corazón acelerado pero con la práctica, aprendemos a dejar de identificarnos con la emoción y comenzar a hacerlo desde la conciencia, lo que implica recordar algo que parece sencillo pero que no siempre lo es: «No soy este miedo. Este miedo no soy yo. No soy esta preocupación. Esta preocupación no soy yo».

La conciencia plena puede abrazar el miedo hasta que se disipa, sosteniéndolo con amabilidad y paciencia. Cuando cultivamos el amor y amabilidad hacia nosotros mismos y suavizamos nuestros juicios, disminuye considerablemente la sensación de estar en peligro creando así el espacio responder en vez de reaccionar, al observar qué ocurre dentro y fuera del cuerpo sin caer automáticamente en los pensamientos y emociones. Con sólo observar nuestras sensaciones físicas y etiquetarlas, es posible evitar perdernos en los pensamientos o empeorar nuestras sensaciones. Al traer la conciencia de aquello que nos asusta, podemos percibirlo como algo menos permanente y quizás menos personal de lo que parece a primera vista.  Al prestar atención a lo que ocurre dentro y fuera del cuerpo, podemos tener una visión más clara de la situación, encontrando nuevos recursos para ocuparnos y ponernos en acción.

Aunque el miedo y la preocupación nunca desaparecerán del todo, la mayor conciencia contribuye a reducir el grado de activación fisiológica y emocional, y facilita una recuperación más pronta del equilibrio.

Si aún así no consigues gestionar tu miedo, y además te está afectando en intensidad y frecuencia a alguna de las áreas de tu vida (personal, familiar, laboral, de amistad u ocio), no dudes en consultar con un profesional de la salud o psicólogo.

A continuación, te dejo un audio con una meditación guiada para tomar conciencia primera de la respiración, luego ampliaremos ese campo e concita para que incluya los pensamientos y sensaciones, y a continuación añadiré instrucciones para prestar atención a las emociones en general, y al miedo en particular. Espero que te guste!:

 

 

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Gracias y deseo de corazón que tengas un bonito día, nos vemos pronto!

Namaste

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Judith Ciprés

Psicóloga Colegiada y Profesora de Yoga Certificada

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